Asi empieza el capítulo 11 de mi proxima novela


Hola, hoy estoy de buen humor (no me preguntéis porque, porque ni yo mismo lo se). Así que me gustaría compartir con vosotros/as el principio del capítulo 11.

También será una buena oportunidad para que descubráis la relación entre la subinspectora Alicia y su compañero de fatigas.

Así que, sin mas dilación, os dejo con el texto en cuestión. Espero que os guste:

Altava entró en el despacho de Alicia con paso raudo, cerró la puerta de un portazo y apoyó las manos en el borde del escritorio, donde la subinspectora redactaba el primer informe de la investigación.

—¡Adivina! —soltó el agente dejándose caer, de mala gana, en la silla.

Alicia dejó de teclear de inmediato, interrumpiendo la frase a medias. Alzó la voz más de lo necesario:

—Te ha denegado la orden. —Golpeó la mesa con la palma abierta, intentando canalizar la frustración.

—¿Te lo puedes creer? —añadió Altava, incrédulo, exagerando el dramatismo. Y cuando vio que Alicia ya amenazaba con levantarse para ir ella misma a hablar con la jueza, sacó del bolsillo de la americana la orden judicial. La alzó en el aire y la agitó con gesto triunfal, observando divertido la reacción de su compañera.

—¡Eres un gilipollas! ¿Sabes?

Altava rompió en carcajadas.

A Alicia le ardía la sangre.

Se levantó como un resorte, cerró la tapa del portátil y lo señaló con el dedo acusador, moviéndolo de arriba abajo sin decir palabra. Entonces, al darse cuenta del error cometido, cerró los ojos con fuerza e intentó increparle:

—¡Eres! ¡Eres! ¡Arrgggg! —intentó varias veces abrir de nuevo el portátil mientras luchaba por mantener la compostura. Sabía que si dejaba salir lo que realmente quería decir, Altava saldría muy mal parado. Y es que, si otro compañero le hubiera gastado la misma broma, ella misma habría roto la relación laboral al instante.

Así de tajante era Alicia.

Pero por algún motivo que ni ella misma entendía, a Altava lo tenía en alta estima. Aunque llevaban relativamente poco tiempo trabajando juntos, él se había ganado su confianza con creces.

El agente carraspeó, recuperando en lo posible un tono serio, y le extendió la orden judicial.

Alicia la cogió con un movimiento rápido y la guardó deprisa en el bolso. No dijo nada. Con la orden en su poder, la situación incluso empezó a resultarle graciosa, así que evitó a toda costa cruzar la mirada con su compañero. Si lo hacía, sabía que acabaría riéndose también.

 

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