Un nuevo libro llega a casa.



El diario de los objetos olvidados escrito por Rafael Mérida.

 

Siempre es un placer empezar una nueva lectura. Y el diario de los objetos olvidados llegó a mis manos sin previo aviso, cuando ya estaba inmerso en una lectura, la cual tuve que dejar de lado al cometer el garrafal error de leer las primeras páginas de la novela de la que os voy a hablar a continuación.

Esta es la segunda novela que escribe un buen amigo del cual, ahora mismo, siento una envidia sana que no podría describir en palabras, y es que en este último trabajo, me ha dejado boquiabierto al comprobar la soltura y desparpajo que ha adquirido desde que publicó su primera novela, “El último hogar”, descubriendo en él una evolución de la narrativa impresionante. ¡Ojo! Esto no significa que su primera novela no estuviera a la altura, ni mucho menos, porque si os gustan las historias distópicas, llenas de acción, decisiones difíciles y un amplio abanico de personajes bien estructurados, os recomiendo que os hagáis con el libro y os perdáis en un Castellón postapocalíptico lleno de peligros en cada rincón de la ciudad.

Pero vamos al motivo de esta entrada: El diario de los objetos perdidos nos pone en la piel de Clemente, un guardia de seguridad de una estación de ferrocarril donde la monotonía golpea con fuerza cada segundo de su jornada laboral, por lo que, estando al cargo de la sección de objetos perdidos, decide empezar a registrarlos en un viejo diario que llega hasta él con las páginas en blanco, esperando a que Clemente empiece a plasmar las historias de cada objeto que añade en el inventario. Y es que todo parece transcurrir con total normalidad hasta el día en el que la monotonía de la estación ferroviaria se ve interrumpida por un desagradable suceso. A partir de ese momento, empieza una rocambolesca historia contada con tanto mimo y detalle, que desearías vivir en esa ciudad simplemente para impregnarte de la esencia que rezuma la novela, en la que el misticismo y los sucesos paranormales se dan la mano en una intrincada investigación policial donde cada paso que dan parece alejarles cada vez más de la verdad.

La verdad es que creo que Rafael Mérida tiene un gran potencial a la hora de plasmar sus ideas en papel y hacer que nos olvidemos de lo que nos rodea para sumergirnos en cada una de las historias que salen de esa mente privilegiada. Una mente que no deja títere con cabeza con su visión del mundo, dejando huella en cada crítica social a la que hace referencia tanto en su primera novela como en esta última.

 

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